Los Piropos

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oads/2010/10/013-Los-Piropos.jpg” alt=”" width=”601″ height=”601″ />A la pequeña ella: -¿Qué te está dando de comer tu mamá que cada día estás más guapa?- Al pequeño él: -¡Que niño más fuerte, se nota que va a ser todo un galán!- A los papas: -¡Ya huelen a suegros!-

Los piropos llegan a nuestra vida desde temprana edad, muchas veces desde que nacemos, aunque parezcamos más ratitas coloradas que personitas. El punto es que nos gusta elogiar y que nos elogien. Es muy de latinos no reparar mucho en expresar cuando alguien nos parece atractivo a los ojos y la verdad, siempre que se haga con respeto, no tiene absolutamente nada de malo.

Recuerdo con mucho cariño a un amigo de la Universidad, que aunque tuve una temporada en la cual no me sentía muy bien por mal de amores y por lo mismo no me arreglaba tanto; él no dudaba siempre al verme en decirme algo bonito y eso me arreglaba totalmente el día.

Y es que los piropos que me hacía no tenían negras intenciones ocultas, simplemente le salían de corazón y por la forma en que los decía, se los creía y me hacían sentir mejor y quererme ver guapísima a la próxima para ser realmente merecedora de tan linda atención.

Lo que quiero decir es que un buen piropo reafirma nuestra seguridad, no importando que primero nos pongamos de todos colores porque no nos lo esperábamos o simplemente porque no sabemos reaccionar. Por eso, hay que aprender a recibir piropos. Si nos dicen algo lindo, aceptémoslo, demos las gracias humildemente y no nos pongamos a cuestionar tanto si lo que nos dijeron es cierto o no; si nos lo dijeron en lo que a nosotros concierne, siempre es cierto. No queremos deprimirnos, ¿verdad?

Nos podemos piropear de hombres a mujeres, de mujeres a hombres o como sea. A ambos nos gusta saber que “hoy nos vemos espectaculares” y que nos pregunten “¿Cual es la ocasión para tanta guapura?” Así que si lo sentimos, digámoslo, piropeémonos, la vida es muy corta como para pasar escondiendo lo que grita el alma y si grita algo bueno, que lo diga en voz alta. Igual, aunque no lo digamos siempre se nos va a notar, hay cosas que no pueden disimularse como las pupilas dilatadas y el pulso acelerado.

Con mis palabras no pretendo exaltar las banalidades ni la superficialidad, ya que en gustos se rompen géneros, es así como yo puedo pasar dos horas maquillándome y alisándome el cabello, para que al final resulte que al hombre que quiero impresionar le guste más la mujer de al lado, con cara lavada, con gorrita y sin barniz de uñas.

Es decir, no es un molde ni un patrón. Lo que nos guste, desde la personalidad, la forma de caminar, la voz, la manera de leer un libro, de bailar o de jugar futbol; TODO se vale en el terreno de los piropos, siempre que no sean ofensivos porque entonces dejarían de ser piropos. Recordemos que existen para hacer sentir bien a la otra persona con la esperanza de obtener una mirada o una sonrisa a cambio.

Para terminar, quisiera agregar que en lo personal considero que los clichés y piropos gastados no suelen ser los más bonitos. Si sentimos que nos dijeron algo de cajón, que se lo dicen a todos, pierde el << je ne sais quoi >>[i] que da misterio y emoción. Es más lindo un “WOW” en el momento aunque siempre puede ser más creativo.

Así que los exhorto a que le lancemos piropos a todos quienes paseándose por la vida nos adornen el paisaje mientras vamos gustosamente recorriéndola.

Flor de Ciruela


[i] Expresión francesa cuyo significado en español es el “­no sé qué” y se utiliza para exaltar un atractivo indescriptible.

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